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Argentina

El pogo que se les fue de las manos ya había pasado antes

Pasó en Mendoza, en Tandil, en Gualeguaychú y en otros lugares. La muerte en Olavarría fue la variable de escenas repetidas en todos los recitales del Indio. 

Esas misas anteriores a la de Olavarría tuvieron los mismos ritos acostumbrados. Pero nunca antes hubo muertos. Y muchos de los asistentes “coquetearon” con ello en más de una ocasión. En otras ciento de avalanchas. En haber ido y retornado a sus casa sin entrada ni dinero; o pasarse de rosca con los excesos. En haberse arriesgado a viajar a contrarreloj por las rutas.

No sólo es una cuestión de pensar en el “pogo más grande el mundo” como un elemento cultural del escape y de la euforia. Es pensar en que el desborde se vio venir siempre. En una amplia mayoría de los recitales de los Redondos o ahora del Indio como solista.

Con las estampidas en Mendoza, con el barro en Gualeguaychú o con los arrebatos en Tandil, por citar algunos ejemplos, pero siempre se repitieron esas escenas.

Entonces, la única variable en esta situación es que la tragedia que no había sido antes y lo fue ahora. Y duele. Muchísimo. ¿Quién quiere un muerto en medio de una fiesta sin precedentes? Pero esta vez ocurrió. Y el mentado “pogo” se les fue de las manos a todos.

Al Indio, que es el protagonista principal. Y que, como en los casos de “extremos”de nuestra argentinidad, ya exhibe con más profundidad otra de sus “grietas”.

Pero la primera responsabilidad es de él, de su producción. También del Estado casi ausente con su cuota parte y también de esos miles de asistentes con las falencias que se dan por la naturalidad de los hechos: es imposible domar en este país a una multitud así en un pueblo inferior a esa masa de gente.

Y lo que agrava todo este fusible que acaba de saltar también pasa por la responsabilidad personal, la de entrar “puesto” al show, la de perder la cabeza con todos los excesos; la de ir sin entrada “porque sí, total entro igual”, la de pisar a fondo por las rutas e ir contra la corriente con tal de llegar.

Todo este cóctel de situaciones se vieron casi siempre. Se cierra el círculo ante esa idea de que "alguna vez algo va a ocurrir..."

Pasó antes esto. Es cuestión de admitirlo. Hoy ya es tragedia.

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