?>
Argentina

Los cuernos virtuales no "ensartan" como los carnales

Para la Justicia, los mensajes de texto eróticos y cachondos no son adulterio, sino “infidelidad virtual”. Según un fallo, si los involucrados no consuman el encuentro carnal no existe engaño.

La Justicia resolvió que el intercambio de palabras o mensajes cargados de erotismo y de fantasías, entre un hombre casado y una mujer que no es su esposa, constituye sólo “infidelidad virtual” y no configura adulterio. De esa manera, la Cámara Civil porteña rechazó el intercambio de correos electrónicos como presunta prueba de una infidelidad en un complicado juicio de divorcio.

Según el fallo, el hombre inició una demanda de divorcio vincular contra su cónyuge fundada en la causal de separación de hecho, sin voluntad de unirse más. Pero al contestar la demanda, su por entonces esposa adujo que su marido le había sido infiel y lo acusó de injurias graves y adulterio.

Durante el juicio, una hermana de la mujer reconoció haber tenido relaciones con su cuñado, pero el tribunal advirtió que después de eso la pareja se reconcilió por lo que no resultó admisible fundar una demanda de divorcio en hechos anteriores. La reconciliación se dio por probada, según el fallo, a través de los viajes a Brasil realizados por la familia en los años posteriores a ese engaño.

Pero la esposa, lejos de bajar los brazos en la guerra judicial que batallaba con su marido, alegó que hubo más infidelidades. Esos engaños los intentó probar con la presentación de copias de correos electrónicos del acusado con una mujer que vivía en un país de Centroamérica, con documentación de préstamos dinerarios, el envío de una encomienda y el viaje del él a esa región.

El marido, empecinado en demostrar su inocencia y revertir la batalla, argumentó que con la centroamericana nunca se conocieron personalmente y que todo se trató solamente de puras palabras, a las que probablemente ya se llevó la tecla delete (opción o utilidad para eliminar cualquier tipo de información).

El tribunal, en tanto, debatió en el universo paralelo para coincidir en que las expresiones de matiz amoroso y erótico que se observan en los e-mails intercambiados pertenecen al ámbito de la autonomía privada de sus emisores. “Las pruebas incorporadas a la causa, si bien aportan elementos indiciarios, no tienen la precisión necesaria para constituir la acreditación”, sostuvieron los dos jueces.

Por eso, los camaristas fallaron que no basta con el intercambio de palabras o mensajes cargados de erotismo y de fantasías entre los dos polos de comunicación de la red. “La infidelidad virtual, en tanto no pase a 3D, no llega a consumar el encuentro carnal que configuraría el adulterio”, argumentó el tribunal.

En una filosófica y sentida conclusión, los jueces determinaron que las razones del desamor también son misteriosamente diversas y no responden a una sola concepción moral. “Cuando el amor no es más fuerte, se extingue el vínculo matrimonial sin que existan culpables o inocentes. Estamos ante dos personas que han dejado de amarse y tienen derecho a construir una nueva vida con un significado distinto”, expresaron los camaristas al decretar el divorcio por culpa de ambos, pero no por adulterio.

Hubo divorcio, pero no adulterio. Los jueces decretaron el divorcio por culpa de ambos, pero no por adulterio. “Estamos ante dos personas que han dejado de amarse y tienen derecho a construir una nueva vida”, escribieron en el fallo.

Sumate a la conversación
Seguí leyendo