Argentina

La biografía de René Favaloro

Una vez recibido pudo elegir el camino hacia el progreso personal pero optó por ejercer como médico rural. Una vez consagrado en el exterior pudo haber buscado mayores réditos académicos y económicos a escala global pero eligió traer sus conocimientos al país. Entre la fama y el dinero eligió la historia.

Nacido en el barrio del mondongo y amante de la vida por cesárea
René Gerónimo, hijo de Juan Bautista Favaloro, carpintero e Ida Raffaelli, modista, nació en 1923 en La Plata y se crió en una humilde casa de un barrio habitado por operarios de los frigoríficos de Ensenada y Berisso. Cursó la primaria en la escuela Nº 45 de su barrio que hoy lleva un mural en su homenaje. Después de clases, pasaba las tardes en el taller de ebanistería de su padre quien le enseñó los secretos del oficio. En los veranos se transformaba en un obrero más.

Su abuela materna le transmitió su amor por la tierra, por el milagro de la vida, por los ciclos de la naturaleza. A ella le dedicaría su tesis del doctorado: "A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca". En 1936, después de un riguroso examen, hace su ingreso al Colegio Nacional de La Plata donde adquirió de docentes como Ezequiel Martínez Estrada y Pedro Henríquez Ureña principios de base humanística tales como libertad, justicia, ética, respeto, búsqueda de la verdad y participación social, motivaciones que cultivó con pasión, esfuerzo y sacrificio.

Tripero de cuna, suena lógico que se interesara por las achuras
El niño René hizo su escuela de fútbol en potreros de lo más pelados y, como no podía ser de otra forma, sus colores siempre fueron los de Gimnasia y Esgrima de La Plata, el club de los trabajadores de la carne, institución de la que integró su comisión directiva durante una de las presidencias de Héctor Atilio “Cacho” Delmar. El palco oficial de la cancha del “tripero” lleva su nombre y se está construyendo un memorial en “El Bosque” del cual se inauguró la primera etapa en junio de este año.

A tan sólo una cuadra de su casa natal se levantaba el Hospital Policlínico, todo un presagio, y recuerdan allegados que con apenas cuatro años de edad, Favaloro comenzó a manifestar su deseo de ser "doctor". Se atribuye esta vocación temprana a que solía pasar días enteros en la casa de su tío médico, con quien tuvo oportunidad de conocer de cerca el trabajo en el consultorio y en las visitas domiciliarias.

“Para ser buen cirujano hay que ser buen carpintero”
Apenas finalizado el secundario ingresó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata. En el tercer año comenzó las prácticas en el Hospital Policlínico próximo a su casa paterna donde se recibían los casos complicados de toda la provincia de Buenos Aires. Ahí empezó a tomar contacto por primera vez con los pacientes. Cuentan que excedía lo exigido por el programa, que volvía por las tardes para controlar la evolución de los pacientes y dialogar con ellos. Observaba a los alumnos de sexto año de las cátedras de Rodolfo Rossi o Egidio Mazzei, profesores titulares de Clínica Médica, y, además, presenciaba las cirugías de José María Mainetti y Federico E. B. Christmann.

Este último fue quien le enseñó las técnicas de simplificación y estandarización que aplicó después en la cirugía cardiovascular, su principal contribución a las operaciones del corazón y las grandes arterias. Fue Christmann el que dijo la frase que este párrafo lleva por título en homenaje a él, a su percia con las manos, desarrollada en los injertos frutales con la abuela Cesárea y las filigranas sobre madera que aprendiera de su padre. Vivió en el hospital durante los dos años de residencia. Como no quería desaprovechar la experiencia, con frecuencia permanecía en actividad durante 48 o 72 horas seguidas.

Si me quieren hacer peronista me voy a La Pampa
Beatriz Guido, escritora polémica, se hizo tristemente célebre por una ironía que siempre fue leída en sentido literal: “Si vienen los comunistas, me voy a la estancia”. Favaloro inició un carrera de vaivenes, de amor-odio con la política nacional cuando se graduó en 1949 e inmediatamente se produjo una vacante para médico auxiliar, puesto al que accedió en forma interina pero en la ficha figuraba una cláusula en donde debía abrazar la doctrina peronista y afiliarse al Partido Justicialista lo cual no aceptó.
Por ese entonces llegó una carta de un tío de Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de 3.500 habitantes en la zona desértica de La Pampa. Explicaba que el único médico que atendía la población, el doctor Dardo Rachou Vega, estaba enfermo y necesitaba viajar a Buenos Aires para su tratamiento. Le pedía a su sobrino René que lo reemplazara aunque más no fuera por dos o tres meses. La decisión no fue fácil. Pero al final Favaloro llegó a la conclusión de que unos pocos meses transcurren rápidamente y que, mientras tanto, era posible que cambiara la situación política.
Llegó a Jacinto Aráuz en mayo de 1950 y rápidamente se “aquerenció” en esa región apartada. La vida era muy dura, los caminos eran intransitables los días de lluvia, el calor, el viento y la arenisca eran insoportables, el frío no perdonaba ni al cuero más resistente. Al poco tiempo su hermano, Juan José, médico también, empezó a trabajar en la clínica con él. Fundaron un centro asistencial, desapareció la mortalidad infantil de la zona, se redujo la cantidad de infecciones en los partos y la desnutrición, crearon un banco de sangre y realizaron charlas comunitarias de prevención.
De donde el diablo perdió el poncho a recibirse de milagrero en la Cleveland Clinic
El médico de la pampa se actualizaba con publicaciones médicas y realizaba cursos de capacitación en La Plata. Se interesó por las intervenciones cardiovasculares, se estaban empezando a desarrollar, y por la cirugía torácica. Empezó a evaluar la posibilidad de capacitarse en Estados Unidos y el profesor José María Mainetti le aconsejó la Cleveland Clinic. Se radicó allí y se desempeñó primero como residente y luego en el equipo de cirugía especializado en enfermedades valvulares y congénitas.

Posteriormente se interesó en el estudio de la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el músculo cardíaco. La primera cirugía de revascularización coronaria se llevó a cabo en los Estados Unidos el 2 de mayo de 1960, en el Colegio de Medicina Albert Einstein (Bronx Center Hospital) por un equipo dirigido por los doctores Robert Goetz y Michael Rohman, esta técnica sería  perfeccionada en mayo de 1967 por Favaloro cuando estudió la posibilidad de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria.

La estandarización de esta técnica llamada “bypass” o cirugía de revascularización miocárdica, fue el principal trabajo de su carrera, lo que le dio prestigio internacional, ya que el procedimiento cambió radicalmente la historia de la enfermedad coronaria. En 1970 editó un libro editado en español con el nombre “Tratamiento Quirúrgico de la Arteriosclerosis Coronaria”. A lo largo de su vida editaría muchos más dentro de su campo académico, reflexiones políticas, y su “radiografía” de sus años como médico de campo. En 1971 regresó a la Argentina con el sueño de desarrollar un centro de excelencia similar al de la Cleveland Clinic, que combinara la atención médica, la investigación y la educación.

La fundación de la Fundación
Dicen que su profundo amor por la patria hizo que decidiera regresar al país en 1971. Trajo el sueño de desarrollar un centro de excelencia similar al de la Cleveland Clinic y de esa semilla germinó la Fundación Favaloro en 1975. Alguna vez mencionó que uno de sus mayores orgullos fue el de haber formado más de cuatrocientos cincuenta profesionales de todos los puntos de la Argentina y de América latina. En 1980, Favaloro creó el Laboratorio de Investigación Básica, al que financió con dinero propio durante un largo período.

Con posterioridad, pasó a ser el Instituto de Investigación en Ciencias Básicas del Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas, que, a su vez, dio lugar, en agosto de 1998, a la creación de la Universidad Favaloro. En la actualidad esta universidad consta de una Facultad de Ciencias Médicas, donde se cursan dos carreras de grado: medicina (desde 1993), kinesiología y fisiatría (2000) y una Facultad de Ingeniería, Ciencias Exactas y Naturales donde se cursan tres carreras de ingeniería (iniciadas en 1999). En ella se desarrollan cursos, maestrías y carreras de especialización en medicina, biología, veterinaria, matemática, ingeniería, etc, en colaboración con los centros científicos más importantes de Europa y Estados Unidos.

En 1992 se inauguró en Buenos Aires el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, entidad sin fines de lucro. Con el lema "tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico" se brindan servicios altamente especializados en cardiología, cirugía cardiovascular y trasplante cardíaco, pulmonar, cardiopulmonar, hepático, renal y de médula ósea.

Curar de afuera para adentro
Favaloro no se conformó con ayudar a resolver los problemas de salud de la persona en particular sino que también quiso contribuir a curar los males de sociedad. Jamás perdió oportunidad de denunciar problemas tales como la desocupación, la desigualdad, la pobreza, el armamentismo, la contaminación, la droga, la violencia. "Quisiera ser recordado como docente más que como cirujano" era una de sus frases recurrentes. Publicó Recuerdos de un médico rural (1980); De La Pampa a los Estados Unidos (1993) y Don Pedro y la Educación (1994) y más de trescientos trabajos de su especialidad. Su pasión por la historia lo llevó a escribir dos libros de investigación y divulgación sobre uno que nació en Yapeyú: ¿Conoce usted a San Martín? (1987) y La Memoria de Guayaquil (1991).
"… Voy a dedicar el último tercio de mi vida a levantar un Departamento de Cirugía Torácica y Cardiovascular en Buenos Aires. En este momento en particular, las circunstancias indican que soy el único con la posibilidad de hacerlo. Ese Departamento estará dedicado, además de a la asistencia médica, a la educación de posgrado… Como usted puede ver, seguiremos los principios de la Cleveland Clinic."
Fragmento de su carta de renuncia a la Cleveland Clinic (1971) dirigida al director, Dr. Effler. Extraído de “De La Pampa a los Estados Unidos” (1993).
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