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La calco en el casco, idea ridícula e inaplicable

La resistencia entre los motoqueros, pero especialmente la inaplicabilidad de la ley, llevó a De la Sota a dar marcha atrás con la idea del entonces jefe de Policía Alejo Paredes de pegar un sticker con el número de la patente en el casco.

Se vendía como la solución a los mal llamados “motochorros” y todos, o casi todos, “compraron”.

La ley, más allá de la discriminación que denunciaban los usuarios de motos (¿por qué no obligar también a los conductores de autos a usar identificación especial?), se cayó porque era sencillamente inaplicable.

Más de 700 mil motos yendo todas juntas a pegar el sticker, motos utilizadas por varias personas –lo que demandaría tener todos cascos distintos–, problema con los motoqueros de otras provincias, y un largo etcétera que la hizo caer solita.

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