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El Luchador de la pachanga

Martín Laacré, más conocido como King África, vuelve “por nostalgia y por una reivindicación”. El sábado “salta” en Córdoba.

¿Habrá alguien que no se haya visto, al menos una vez en los últimos 15 años, “saltando sin parar” en un casamiento con el hit de King África? Difícilmente. Uno de los íconos del pop más fiestero, liviano y mediático de los ‘90 está dispuesto a volver por “una reivindicación”. Para eso se presentará el sábado en la disco Dorian Gray (Roque Sáenz Peña y Las Heras) como parte de otra fiesta retro del Pop Club por la que ya estuvieron Machito Ponce y Pablito Ruiz.

Quien está detrás de este personaje es Martín Laacré (ahora se hace llamar Martín Kng), un chubutense radicado en Palermo, próximo a cumplir 37 años. La fama con King África le llegó con sólo 19, cuando aún “no tenía muy claro temas como los contratos, cosas que el público no ve”. Ahora está mucho más flaco (cuando dejó, la balanza arrojaba 113 kilos y ahora ronda los 80), y se dejó crecer el pelo.

En 1992 metió su primer hit con E-O-E, incluido en el disco de Dj Deró, y después editó El africano (donde estaba Salta) y Al Palo (¿se acuerdan de su versión de Mamá yo quiero?). En 1997, dijo basta y se bajó del proyecto.

Este regreso se remonta a setiembre del año pasado, después de una nota periodística a ídolos noventosos. “Después de eso me googlié y vi que no existía en cierta forma, y por eso decidí generar un blog y contar mi verdad. Eso fue armando una pequeña movida, porque así como yo tenía nostalgia la gente también”. Aconsejado por amigos músicos, decidió que tenía que volver “virulento, como un agente Smith de Internet”, y así largó su campaña on line. La mecha se prendió principalmente en el resto de Latinoamérica, desde donde empezaron a llegar los pedidos para contratar el show (ya tiene agendadas presentaciones en Chile y Perú).

–¿Qué hiciste desde el ‘97 hasta ahora?
–Tuve trabajos convencionales para cualquier artista. Laburé en Tower Récords, fui fotógrafo y otras cosas relacionadas al arte desde un lado más pasivo.

–¿Cómo creaste el personaje de King África?
–Si empecé a los 19 años imaginate que tenía esa cosa lúdica de jugar con el arte. Me gustaba el hip hop, y fue como armar una especie de Chuck D (de Public Enemy) con Turbo B (cantante de Snap). Me concentré en esos dos personajes y salió el mío.

–Pero vos le sumaste un costado puramente fiestero.
–Tal cual, quizás la diferencia era que el mío tenía una identidad respecto a lo que se hizo después.

“Lo que se hizo después” es el proyecto de King África que lleva adelante en España el cantante Alan Duffy.
Ahora, King está utilizando los mismos sonidos de aquella época porque si apela a la nostalgia cree que tiene que sonar “exactamente igual”. “Estamos tratando de gestar un disco de remixes con productores chilenos, porque es donde el reconocimiento fue mayor”.

–¿No tenés miedo de que esto sea efímero, los 15 minutos que puede durar la moda de los ’90 y que el personaje deje de pegar?
–Si es un auge de regreso y es a nivel Latinoamérica, te digo alejándome del artista, es un negocio igual. Yo estoy tratando de reversionar mis temas, tengo casi 13 años de escribir cosas que nunca salieron y que ahora con esta inyección de ganas quiero seguir trabajando e inclusive darle una entidad un poco más seria, pero tampoco tengo miedo de que no suceda. Hoy vuelvo por una cuestión emotiva, reivindicativa y casi en tercer lugar, económica. Pero no me quita el sueño si funciona o deja de funcionar, a mí me hace bien hacerlo.

Martín afirma que lo “desconcierta” y le suena “extraño” hablar con la prensa, pero da la sensación que cierta parte de Laacré se quedó anclada en aquella popularidad de discoteca de los ‘90, y que se toma mucho más en serio de lo que el resto de la gente lo recuerda. Una especie de El Luchador de la pachanga.

En vivo. El sábado a la medianoche en Dorian Gray. Anticipadas en Lado B (Gral. Paz 70); y Vespacial (Paseo del Sol, 9 de Julio 150).

Caramba Salsa House. De aquel torbellino de fama en los ‘90, a Laacré le quedaron miles de anécdotas increíbles, como por ejemplo la gira por Suecia y Noruega. “En Noruega fue muy extraño. Tocamos en un lugar donde convivían latinos y locales, y el dueño era un noruego re loco, grande como dos placares, que comía y entre bocado y bocado se mandaba un ayudín… se reía y se ponía colorado. El lugar se llamaba Caramba Salsa House, imaginate para un público noruego un lugar con ese nombre, que si estuviera en las afueras de Córdoba te remitiría a un lugar medio tumba. Fue re gracioso”.

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